Los Musicantes

05 julio 2006


H. R. Giger

De Wikipedia

Hans Ruedi Giger, también llamado Hans Rudolf Giger, artista gráfico y escultor nacido el 5 de febrero de 1940 en Suiza

En 1966 comenzó a trabajar como diseñador de interiores. En 1968 Giger comenzó a dedicarse exclusivamente al arte y sus primeros posters fueron publicados hacia 1969.

Conocido entre el gran público por diseñar y desarrollar junto a Carlo Rambaldi la criatura y algunos escenarios de la película Alien, el octavo pasajero de Ridley Scott (1979, basándose en sus anteriores propias obras, como "Necronomicon V", posteriormente recogidas en su cuarto libro de ilustraciones, Necronomicon (continuado por Necronomicon II en 1985), también participa en la parte estética de otras películas, como Species (Roger Donaldson, 1995) siendo sus trabajos usados en las portadas de muchos libros y discos. Asimismo, ha realizado trabajos para videojuegos como Dark Seed, una aventura gráfica de ambientación lovecraftiana.

Existe un museo dedicado a H. R. Giger en la ciudad de Gruyères, en Friburgo, Suiza.

04 julio 2006

EL NIÑO QUE FUE A MENOS
La señorita Claudia le pregunta a Ferro:
- ¿Quién fundó la ciudad de Asunción? Ferro lo ignora y lo confiesa. La maestra intenta por otros rumbos.
- Tissot. - No sé, señorita.
- Rossi.
Silencio. El ambiente se pone pesado porque quizá la señorita Claudia enseñó aquello el día anterior.
- Maldonado. Nada. Claudia frunce el ceño y ensaya unos reproches generales.
Frezza, el tano Frezza, lo sabe de algún modo misterioso. Es extraño el camino que siguen las nociones: suelen alojarse donde menos se lo piensa.
- Núñez. López. Dall'Asta.

Tampoco. Frezza espera, sobrador, sin levantar la mano. Cosa de manyaorejas, piensa.

La señorita Claudia se dirige a las niñas y pronuncia el nombre amado. Frezza está muy lejos para soplar y la morocha que lo enloquece no puede contestar.

De pronto, la maestra lo mira.
- Frezza. Y el niño taura, que tal vez necesita anotarse un poroto, se levanta, mira hacia el banco de la morocha y dice casi triunfal:
- No lo sé.

Si es que nadie lo sabe estará bien no saberlo. Frezza se sienta y se oye entonces, como en una horrible blasfemia, la voz de Campos, injuriosa:
- ¡Juan de Salazar!

Pasaron los años. La morocha no conoció el amor de Frezza ni tampoco su gesto elegante y generoso.

Si alguien califica estas lecciones en alguna Libreta Celeste, Frezza tendrá un nueve. Y si ni siquiera existe esa Libreta, entonces tendrá un diez.
Alejandro "El Negro" Dolina - MAESTRO